Mucha gente rechaza de entrada una conversación cuando se menciona la palabra hubiera, creen que es perder el tiempo hablar del pasado para decir lo que no se hizo o se hizo mal. Algunos hasta se enojan y son capaces de pararse e irse del lugar de la conversación de manera intempestiva, cuando la palabra hubiera aparece en la plática muchos llegan hasta sentirse ofendidos. Otros más odian tanto el hubiera, que prefieren aplicar un conocido dicho popular cuando hablan del pasado: “A mí, lo bailado nadie me lo quita”. Y entonces son capaces de justificar prácticamente cualquier tipo de conducta, pisan terreno pantanoso. Cuando no se quiere jugar en una conversación con el hubiera, la reflexión sobre el pasado desaparece y entonces el pensamiento que lleva a la autocrítica trabaja a mínimos de velocidad, no llega a ninguna parte.
La ciencia ha avanzado a pasos agigantados porque da una importancia clave al hubiera. Todos los científicos ponen por delante el hubiera, lo que les lleva a repetir experimentos en distintas condiciones y con diferentes variables, los diseños de productos y marcas están sustentados en el hubiera, los grandes directores de cine y los grandes creativos publicitarios son expertos en el hubiera.
Cuentan que Martin Scorsese vio una y otra vez las escenas en el ring de Pepe El toro en la cinta dirigida por Ismael Rodríguez, para realizar la película “Raging Bull”. Planeó su filmación a detalle para dar máxima realidad a las durísimas secuencias del boxeo. Scorsese estudió el hubiera antes de filmar, antes de lamentar su errores, hizo el juego ideal.
El hubiera tiene una gran riqueza. Es confrontación, es verle la cara al error, a la estupidez, a la maldad, a la ignorancia, a la indiferencia, a la distracción, al despiste, a la soberbia y al cinismo. Es encontrarse de manera fantástica con el pasado para someterlo y averiguar por qué las cosas no salieron bien. El hubiera irrumpe de forma violenta en la mente cuando se sabe que los resultados son malos, distan de ser los esperados o llegan a ser desastrosos. Quien acepta torear al hubiera sin echarse a correr, lo ve a los ojos y le enfrenta, sin duda tiene altas posibilidades de hacer mucho mejor las cosas en el futuro.
Dos de los deportes más practicados en el mundo son hablar mal de los demás y fantasear con el futuro. Ambos son muy entretenidos y no necesariamente son malos hábitos. Sin embargo, si se practican como únicos suelen distorsionar la mente y la percepción de la realidad. Indispensable es también echar vistazos constantes al pasado para ver y verse y reconocer cuántas fantasías no hemos sido capaces de aterrizar a lo largo de la vida.
Como el futuro nadie lo sabe, una de las maneras más inteligentes de enfrentarlo es poniendo en el sillón de los acusados al hubiera. En esa personal sesión, indispensable es tener consigo un espejo, poner adelante siempre la sinceridad y abrazar con pasión los sueños que todavía viven en la fantasía pero que aún no llegan a ser realidad.
El hubiera es una brújula extraordinaria para quien no teme verse en el espejo...
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